Por qué deberías preparar picaña a la parrilla
La picaña a la parrilla destaca por ser una pieza jugosa que no requiere de grandes marinados ni preparaciones complejas. Al cocinarla a fuego directo, la grasa se funde y aporta un aroma ahumado irresistible. Es una opción económica comparada con otros cortes premium y rinde mucho para varios comensales. Preparar este plato permite disfrutar de una experiencia auténtica de asado tradicional.
Paso a paso: picaña a la parrilla
Preparar la carne: Saca la carne de la nevera media hora antes de empezar para que esté a temperatura ambiente. Haz unos cortes superficiales en forma de rombo sobre la capa de grasa sin llegar a la carne. Unta un poco de aceite de oliva y reparte la sal gruesa por todos los lados de la pieza.
Calentar la brasa: Enciende la barbacoa y espera a que las brasas estén blancas y con un calor constante. Coloca la picaña con la parte de la grasa hacia abajo sobre la rejilla. Esto permitirá que la grasa se dore y empiece a soltar sus jugos sobre la carne.
Cocinar la pieza: Deja que la picaña se cocine durante unos veinte minutos por el lado de la grasa. Dale la vuelta con unas pinzas y cocina el otro lado durante quince o veinte minutos más. Si prefieres la carne muy hecha, puedes dejarla unos minutos extra a fuego indirecto.
Reposo y corte: Retira la carne de la parrilla y deja que repose en una tabla durante diez minutos antes de cortarla. Esto ayuda a que los jugos se asienten y no se pierdan al primer contacto con el cuchillo. Corta la pieza en filetes finos siguiendo el sentido contrario a la fibra.
Consejos extra para picaña a la parrilla
Para que la picaña a la parrilla quede perfecta es fundamental no pinchar la carne con un tenedor durante la cocción. Usa siempre pinzas para darle la vuelta y evitar que los jugos se escapen por los agujeros. Si ves que cae mucha grasa y se levantan llamas fuertes, mueve la carne a una zona con menos brasa.
Es recomendable usar leña o carbón de buena calidad para aportar un mejor sabor ahumado a la carne. La sal gruesa es la mejor opción porque crea una costra sabrosa que protege el interior. Si te sobra algo de carne, puedes guardarla en la nevera y usarla al día siguiente en sándwiches fríos o ensaladas.
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